Querida hija,
Tengo asumido que tu educación ha pasado a ser mi obsesión. Todo lo que veo, oigo, capto o pienso, siempre lo hago pensando en ti. Me he convertido en una especie de ave que va cazando víveres para sus polluelos, siempre recogiendo, siempre aprendiendo y llevándomelo todo para mi casa, mi familia y mi hija. Ya nada me importa, sé que sólo puedo hacer lo que está en mi mano y de eso se trata de conseguir que seas una persona razonable, humana, comprometida y responsable, pero sobre todo que seas una persona sensible.
Creo que a mis cuarenta años puedo decir con toda seguridad que la sensibilidad es la clave de la humanidad, las personas son más sensibles o menos sensibles ante una u otra situación y ello es lo que las hace distintas.
Ante cualquier situación que no sigue los patrones del día a día, aquellos que nos han inculcado de una manera totalmente manipulada y artificial, la mayoría de nosotros actuaremos de una manera distinta a los demás y la clave de esta diferencia está en la sensibilidad de la que estemos dotados, o mejor dicho la sensibilidad que todavía no hayamos perdido por culpa de la hostilidad y agresividad de nuestro entorno.
Creo que todos nacemos con una sensibilidad determinada que debemos proteger y cultivar, como si de un fruto se tratara, sin duda, el fruto de la sensibilidad sería el más preciado de la humanidad, por que si todos los seres fuéramos capaces de ser sensibles ante el sufrimiento de los demás, sensibles ante el amor, o simplemente sensibles ante la cordialidad y buenas intenciones de los demás, estaríamos ya en la sociedad del futuro.
Todo ello lo aprendo observando a mi mujer. Ella, está dotada de una sensibilidad extrema, que sabe proteger de una manera admirable ante las agresiones constantes del mundo en el que vivimos. De ella aprendo cada día, por que sólo yo, sé perfectamente, lo agredida que ha estado mi sensibilidad desde el mismo día en que nací, y lo protegida que ha estado la suya.
En mi infancia, desde pequeños, a los varones, se nos enseñaba a "no llorar" y por lo tanto a no externalizar nuestros sentimientos... "los niños no lloran". Yo no conseguí llorar, hasta el día que enterré a mi padre, con 30 años, y la segunda vez que lloré, fue el día que naciste tú. Desde entonces he estado protegiendo y cultivando la poca sensibilidad que me quedaba, hasta llegar al día de hoy, que he conseguido llorar casi todos los días.
Desde que lloro todos los días, soy tremendamente feliz, soy sensible a todo, escribo y los ojos se me empañan, todo me preocupa y apenas puedo pensar en mi sin dar gracias al destino por estar dotado de la sensibilidad suficiente para captar el sufrimiento de los demás y dotado también de la fuerza necesaria para no decaer en el pesimismo y la depresión.
Hoy, realizando una tarea rutinaria de copias de seguridad, he encontrado una foto que tomó mi mujer con su teléfono en una situación totalmente cotidiana. Era un día cualquiera y paseábamos los perros cerca de una escuela infantil, ella parecía indignada y yo no entendía que podía tener de especial un niño jugando con un monopatín... y fue entonces cuando ella tomó esta increíble fotografía;
Al ver esta fotografía con detalle, entiendo la indignación de ella ante las pintadas racistas, que yo ni siquiera pude percibir. Tengo que admitir que soy un ignorante y que debemos estar atentos y ser conscientes de todo lo que nos rodea, tengo que decir que cada día aprendo de mi mujer, ella fue educada en un ambiente favorable, rodeada de naturaleza y apartada de lo mundano y superficial, y todo ello la hizo distinta, sensible y fuerte a la vez, capaz de ir a un concierto Punk y al llegar a casa, dedicarse a colocar flores en el comedor, un ser admirable que posee unos valores tan auténticos y tan fusionados con su ser que sería imposible separarlos. Para ella estos valores son los normales y ni tan sólo es consciente de que los posee, porque ella no conoce la maldad, jamás me ha hablado mal de nadie y solo capta el sufrimiento de los seres, ya sean personas, animales o cosas. Donde yo veo maldad, egoísmo y codicia, ella percibe sufrimiento, bondad y amor.
Por todo ello, querida hija, siempre tengo miedo de no estar protegiendo suficientemente tu sensibilidad, es duro estar educándote, cuando todavía estoy yo aprendiendo cosas tan básicas y elementales del amor y la convivencia, pero al menos intento plasmar todas mis inquietudes y conocimientos en este libro, que seguramente, será lo único que puedas heredar de mi.
Tu papá ignorante que te quiere,
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